Atardeceres que te robarán el aliento, memorias de viajeras. | SoyViajera

Atardeceres que te robarán el aliento, memorias de viajeras.

Atardeceres que te robarán el aliento, memorias de viajeras.

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Los atardeceres son mi parte favorita del día.  Da lo mismo si estoy en casa o si estoy de viaje, es un momento que vale la pena detenerse para disfrutar.

Esta hora mágica que dura tan sólo unos minutos entre la puesta de sol y la oscuridad de la noche.

Cada atardecer es una expresión única de belleza.

Hace un par de años vi la película Alma Salvaje, en cuya trama Cheryl Strayed -personaje principal- decide caminar la Pacific Crest Trail sola. Tras un divorcio, la muerte de su madre y años de conducta autodestructiva, decide emprender esta aventura como una manera de curarse a sí misma.

Por cierto, si no la han visto les aconsejó que lo hagan vale mucho la pena.

Cheryl hace alusión a un consejo de su madre:

"Hay una puesta de sol y un amanecer cada día. Puedes elegir estar allí para ello, puedes elegir ponerte en el camino de la belleza. "

~ Palabras de la madre de Cheryl Strayed Bobbi, de Alma Salvaje.

Esta frase la he adoptado como mía y aunque me resulta casi imposible ver un amanecer, por aquello de que hay que levantarse temprano, trato de disfrutar los atardeceres.  Con frecuencia escucho a mi novio decir “mira el cielo y sus colores” con un tono sarcástico haciendo alusión a mí obsesión con los colores de la hora dorada.

Soy Viajera me ha permitido conocer a mujeres extraordinarias, con quienes he compartido muchas historias viajeras y por supuesto nuestro amor por los atardeceres. Aquí te dejamos puestas de sol que te robarán el aliento.

Atardecer en la Isla de Lombok (Indonesia) por  OM VIAJES Y RELATOS.

Cuando me propusieron escribir un artículo sobre la mejor puesta de sol de todos mis viajes, me costó decidir, puesto que han sido varios los atardeceres especiales que recuerdo con cariño. El atardecer que recordaré en este post sucedió no hace mucho tiempo. Fue en Indonesia, concretamente en “La Isla de las Perlas”, de nombre Lombok.  Puedes leer el relato completo aquí.

La Isla de Lombok está junto a la conocida Isla de Bali, cercana al Mar de Java y situada en el paradisíaco Océano Índico. Es una isla a la sombra de la turística Bali, con muy poca infraestructura, por lo que todavía guarda su espíritu salvaje sorprendiéndonos con volcanes activos. Paisajes selváticos donde se esconden grandiosas cataratas de ensueño. Playas de aguas turquesa con nos recuerdan al mismísimo Caribe. Eso sí, aquí lucen prácticamente solitarias y salvajes, esperando a ser exploradas por viajeros aventureros.

Pero volviendo a las grandiosas puestas de sol que nos regaló la isla, mi mente evoca tres momentos especialmente, que me gustaría recordar en este relato:

El primer recuerdo fue en la playera localidad de Senggigi.

Este pueblecito, quizás el más turístico de la isla, nos ofreció una majestuosa puesta de sol en la arena playa que nos trasladó a los dioses y espíritus de la Isla de Bali. Desde esta perspectiva en la Isla de Lombok, uno tiene la suerte de contemplar de frente el astro sol ocultándose tras el volcán más emblemático de la Isla de Bali: el volcán Agung. Allí donde moran todos los espíritus de vidas pasadas del hinduismo balinés, y que nos mostró una acuarela de colores grandiosa, y unos de los espectáculos naturales más asombrosos de nuestro viaje a Indonesia.

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El segundo recuerdo nos trasladó a un bonito templo hindú

Situado en un pequeño acantilado de rocas junto al mar de nombre Pura Batu Bolong, que significa “El Templo del Agujero en la Roca”, que nos regaló también unos momentos muy especiales. A la caída del sol, tiene lugar el momento de la entrega de las ofrendas a los dioses por parte de los devotos hindúes. El acceso al templo se torna en un viaje en el tiempo cargado de dosis de espiritualidad, emotivas escenas de devoción y fe por parte de los fieles. Y allí, con nuestros sentidos embriagados por el incienso y las fervorosas imágenes de dioses y demonios, dimos por concluido aquel día, que nos regaló también el siguiente lienzo vivo de pescadores locales que, en sus barcazas y durante el ocaso, salían a ganarse el sustento diario en el mar.

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Nuestro último recuerdo nos traslada al punto más alto de la Isla de Lombok

Conocido localmente como “Malibú Point”, desde son conocidas las bonitas vistas de toda la isla. Desde allí el horizonte se pierde hasta llegar a los tres atolones coralinos conocidos como las Islas Gili, y desde allí también, observamos este colorido y grandioso atardecer de rojo encendido sobre Lombok. La Isla de las Perlas en los Mares del Sur, que cerró con broche de oro, nuestra visita a esta bella Isla del Índico.

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Cerramos ya este mini relato, y nos despedimos también con la siguiente reflexión, que nos hace ilusión compartir aquí y que comienza así: no esperes demasiado para viajar porque:

“Los viajes de tus sueños son como los atardeceres, si esperas demasiado, puede que nos llegues a tiempo”.

No te pierdas nuestros relatos en el blog.

Montse autora de Mexican Abroad

Soy amante de los atardeceres y siempre busco la oportunidad de verlos, aunque esté en la mitad del tráfico. Pienso que todos tienen su magia, sin embargo, hay uno en especial que recuerdo mucho en Antigua y Barbuda, una isla pequeñita casi al final del caribe.

Esta isla no es tan popular comparada con Saint Jhon o Turks and Caicos por lo que sus aguas son menos exploradas. No sé si por consiguiente el agua es más clara, pero sin duda puedo decir que es el azul turquesa más uniforme que he visto en mi vida. Ese color compartido con mi persona favorita en mi luna de miel con una cerveza local en la mano, hizo uno de los momentos más especiales de mi vida. Tratamos de tomar un time lapse pero la verdad, las fotos no le hacen justicia. De cualquier forma ese timelapse se quedó grabado en mi cabeza para siempre.

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Nicole escritora, editora, fotógrafa en el blog Viajando Lento

Puesta de sol en Gili Air, Indonesia.

Estuve viajando 7 meses al rededor del sudeste asiático y por alguna razón inconsciente que no logro comprender evité varias playas que según muchos era maravillosas. Me pasaba que también recibía comentarios acerca de lo llenas que estaban, de lo turísticas que se habían vuelto con el tiempo y del ambiente fiestero que predominaba en ellas. Así que sin darme cuenta empecé a cambiar mis itinerarios  y a redirigir mis rutas.

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Ya muy avanzado mi viaje, quizás cuando ya llevaba unos 5 meses, me di cuenta que mi mente me estaba traicionando. Decidí hacer algo al respecto y aprovechar al máximo las playas paradisíacas que me quedaban en la lista. Fue en esto que llegue a una pequeña isla de Indonesia, conocida como Gili Air.

La verdad es que no soy la más fanática de los atardeceres. Sí, me encantan y me emboban, pero ese es mi límite. No es que los ande buscando o que ponga fotos de ellos como fondo de pantalla. Pero debo admitir que aquella tarde en la Gili Air me quitó el aliento. Este fue el último lugar en el que pude tirarme sola en la playa a disfrutar del sol, del oleaje, y de la paz y plenitud que te provoca el saberte en completa libertad. Ahí, bajo esas sensaciones, logré captar con mi cámara uno de los atardeceres más lindos que vi en todo el viaje, y uno de los que recuerdo con más cariño.

Atardecer camino a Hoi An, Vietnam.

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Cuando viajé por el sudeste asiático muchas veces me moví en buses de viajes eternos: 10, 15, 20 y hasta 26 horas estuve sentada (o acostada) desplazándome de una ciudad a otra. Por lo mismo, la habilidad de dormir en cualquier parte es favorable y hasta necesaria. Yo soy de esas, y por tanto, estos viajes interminables nunca me mataron.

Lo mejor de ellos era ver el paisaje por la ventana. Despertar y ver las estrellas, el amanecer o una tormenta eléctrica. Muchas veces me aguantaba el sueño por contemplar el movimiento del sol o la luna.

En este caso, iba viajando por Vietnam hacia el norte, desde Nha Trang hasta Hoi An. Esa tarde desperté de mi aletargamiento y vi una puesta de sol hermosa, enmarcada de nubes, lagunas y campos de arroz. No dudé en sacar la cámara... hoy revisó la foto y no puedo creer que La Haya sacado en movimiento, a través de la ventana del bus. Fue uno de esos momentos mágicos, impagables, únicos, que te dan los viajes. Me sentí una afortunada de estar ahí, en el lugar perfecto y en el momento preciso. Otra vez, la plenitud de saber que eres libre. Esa felicidad sana y simple que te provoca el hacer lo que realmente te llena el alma.

Si quieres ver más fotos de mi recorrido por Asia, sígueme en Instagram.

Ana del blog Totravelistolive.org

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Rio de Janeiro es probablemente una de mis ciudades favoritas en este mundo ya que tiene todo lo que te puedas llegar a imaginar, por algo se la conoce como "a cidade maravilhosa".  

Hace unos años tuve la suerte de trabajar allí por un tiempo. En esta foto se puede ver la Lagoa Rodrigo de Freitas, donde solía ir a pasear con los cascos de música puestos cuando necesitaba desconectar un poco. Esa tarde fui con mis amigas de Rio a ver el atardecer y allí nos dijimos adiós, o como a mi me gusta decir, hasta pronto.

Viendo el reflejo de los colores del cielo y las montañas tan peculiares de Rio en sus aguas no solo me despedí de mis amigas sino también de la ciudad carioca y de la bella Ámerica del Sur.

Aunque me prometí  que algún día volvería... No se si será en 3 años o en 30, pero estoy segura de que algún día volveré a ver uno de esos atardeceres tan espectaculares en el lago. 

Laura la viajera sin límites y autora de "Mi mundo sin fronteras"

Tengo incontables atardeceres grabados a fuego en mi memoria… ¿Escoger sólo uno? ¡Qué locura!

Mi mente viaja hacia playas paradisiacas, hacia soles recostándose sobre el mar, escondiéndose detrás del océano. Regresa luego a casa, a mi Madrid, a esas tardes en las que el cielo muestra una paleta de nubes rosadas, violáceas, azulonas. Y vuelve a marcharse lejos, a esa duna brasileña que desemboca en el mar y que acoge en un aplauso cada atardecer. Tengo muchas razones para volver a Brasil. 

Viaja mi mente, se pierde mi memoria… Y continuamente vuelve a una foto.

Se trata de una foto sin mar, sin playa. Sin edificios, sin dunas. Una imagen simple, casi bicolor, que muestra tan sólo un sol inmenso tiñendo el cielo entero de naranja. Y en primer plano, la silueta de la sabana africana que se perfila, recortada, sobre ese fondo que es casi rojo, casi fuego. Una sombra de la flora africana que es casi negra, casi ceniza.

No sé si es el atardecer más bonito que he visto, pero sí creo que es mi foto de un atardecer más espectacular.

Sucedió en Sudáfrica, el día que cumplí un sueño: mi primer safari.

 

Tania viajera adicta y escritora en "Tania's magic compass"

Dicen que el atardecer de Santorini es el más hermoso del mundo. No sé si esto sea verdad porque aún me falta ver muchos atardeceres desde otros lugares,  definitivamente sí es uno de los más hermosos que he visto en mi vida.

Este atardecer fue súper especial para mi no solamente por la fortuna de encontrarme en este lugar tan bello,  también por la compañía. Fue la primera vez que visité a mi mejor amiga en su natal Grecia.

Ella vive en Atenas pero nunca había ido a Santorini, así que fue una experiencia mágica para las dos. Ese día tuvimos que caminar muchísimo y hacernos camino entre miles de turistas que visitan la isla en verano. Pensé que la multitud nos iba a arruinar un poco el momento, pero el lugar tiene tanta magia que al ponerse el sol es como si nadie más existiera en el mundo.  

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Sientes cómo la vida te regala ese momento para que puedas llenar tus ojos con toda la belleza que tiene para ofrecerte. Será un momento que recordaré para siempre, donde todo fue perfecto. Después del atardecer, rematamos el día con la mejor cena de mi vida, sin exagerar. En Grecia todo es un festín para los sentidos, la comida, la música, el paisaje y la calidez de su gente.

Es un lugar que se queda en tu corazón.

Mi turno.

Ha sido muy difícil decidir qué fotos voy a compartir con ustedes para este post, y es que tengo tantos atardeceres que me gustaría compartirles.

Durante mi año sabático tuve la oportunidad de recorrer la isla sur de Nueva Zelanda en una Combi que también era mi casa. Comía, dormía y viajaba en ella, sin duda una de las mejores experiencias de mi vida.  Un atardecer logró combinar muchos elementos y se ganó un lugar especial en mis recuerdos.

Imagínate que estás sentada dentro de tu combi, estacionada junto a un lago precioso con vista a las montañas copadas de nieve. El sol empieza a descender, al principio se veían unos toques de rosa al fondo después se fue intensificando hasta que todo era completamente Rosa. Mi novio y yo nos encontrábamos cenando y al ver este espectáculo natural dejamos la comida a un lado y nos fuimos a recorrer el lago para disfrutar del momento.


Nuestra segunda parada fue en las islas de Fiji. Y aunque no tuve la oportunidad de visitar tantas como me hubiera gustado, primero por el tiempo y segundo por el dinero, trasladarse de una isla a otra es costoso.  Ya les escribiré un post exclusivamente hablándoles de mi experiencia en estas Joyas del Pacífico.

Decidimos visitar una isla reconocida especialmente por sus atardeceres. No me pregunten cuál es el fenómeno natural que sucede en esta isla, lo cierto es que no nos defraudó.

La isla de Maná tiene una playa que lleva este nombre Sunset Beach, en espera de la hora mágica nos dispusimos a visitar esta playa. El atardecer que nos regaló compensó la caminata.

Sin haberlo planificado llegamos al mismo tiempo que los pescadores locales habían regresaban a la isla.  No distinguíamos los rostros, sólo veíamos las siluetas y ese color intenso entre naranja amarillo rojo, un instante exquisito para todos los sentidos.

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Agradezco nuevamnete la colaboración y aporte de estas viajeras que hicieron posible reunir tanta magia.

Si te gustan los atardeceres y has disfrutado esta entrada, compártela con tus amigos.

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